Tarde otoñal

En esta piel que fue ocupada
por hermosos tonos de la primavera
la ilusión de ensueños se ha escurrido
y se disipa como bruma aventurera.

Caminos escondidos a mis ojos
fragmentan la visión de noche y día.
Una puerta que no tiene cerrojo
se abre hacía el hangar de mi agonía.

«¡Qué daría por tener una sonrisa!»
«¡Qué daría por poder cerrar mis ojos!»

Llega el otoño
y me ha vencido con premura,
la invasión de un frío interno
(preludio de la escarcha que avecina)...

Y mi cuerpo,
que fue cual flor de mayo,
presumiendo los colores de la vida
será blanco humo que no espesa, neblina pasajera que se olvida.

Muerte en vida

Estoy callada de amores
sobrio silencio... ¡vacío!
Anulada de pasiones
amortajada de frío.
Réquiem de cuerpo presente
desconcertada en mi hastío.
Pasmada de avistar visiones
en este espíritu impío.

Golpes a mi ingenuidad
ya, ni sueño del futuro.
Me desvela la ansiedad.
¡Morir en vida es muy duro!

Otoño

Y aunque nadie fue testigo,
ahí estuvimos.
Frente al mar
mecidos por la Luna.
Bajo palmeras mirando al horizonte
en un largo verano, caluroso.
Hoy el otoño nos regala
un mar de hojas…
Que al caer cubren
la vera caminada.


Sutil ternura de una luz montuna.
Clamor de voz primaveral,
amores
disipándose entre miles
de colores
hermosos y a su vez
distantes…
Ya el Caribe plateado se ha alejado
entonando su aria melodiosa...

Llega el otoño y nos regala
un mar de hojas,
un mar de hojas
en lugar de una playa luminosa.

Estaciones

Si me tocara partir en un día de verano,
adornen mi cabellera con bellas flores del prado.
Dibujen una paloma en mi ataúd barnizado,
sirvan miel de azahar y queso pausterizado.

Ahora, si fuera en invierno cuando llegue mi partida
no permitan que el mal tiempo congele mi despedida.
Versos, canciones y risas, chocolates y bebida…
¡Que nadie llore mi muerte pues supe vivir mi vida!

Mas si es en primavera cuando mi barca navega,
que una corona de rosas adorne mi cabecera.
Que el cortejo me pasee por el río y su ribera,
luego rieguen mis cenizas, arriba, en la cordillera.

Y si el otoño, que es sueño de árboles, flores y grama,
se convierte en la estación en que se enfríe mi cama;
que el poderoso fantasma de mi alma de poeta
pueda escribir nuevos versos usando hojas por letras.

Muero contigo

No creo en mentirle
al ser que amo.
La verdad aunque sea dura
es necesaria...,
pues después de tanto presumir
la verdad es toda la realidad
que poseemos.
Abrazarte hoy es muy difícil.  
Te siento filoso y raído
tus brazos de alambre
tu pecho hundido
eres cuadro de ojos negros
y piel sin brillo.
Cómo puedo suavizarte
si eres roca.
Mi corazón se estremece al mirarte. Cómo puedo ver más allá
y llenarte de amores.
Cómo puedo si estoy llena de temores.

Víctor

Envuelta en tu pálpito
demente
y en tu fuerza viril…,
seré alborada.
Tú serás Víctor
sobre mi piel sudosa
y yo,
derrotada mortal,
que en un sueño de amor
llegó a ser diosa…

Siento mi alma

A veces siento en mi alma 
un jardín florecido,
una noche de estrellas,
un calor sin abrigo.

La más pura armonía
entre recuerdos y olvidos
es como un sueño de voz,
poeta, verso y sonido.

A veces en el silencio
me siento en tal libertad,
forjando nuevos surcos,
soy río que va hacia mar.

Soy gaviota de la luna,
soy voz de un nuevo cantar,
soy semilla y cargo el numen
soy flor de un nuevo rosal.

Entre espadas

El mundo ante mi rostro,
y yo camino sola,
matándo a la fuerza
mi última ilusión.
Soy derrotada alba
de un tálamo distante,
y hasta mi propia sombra
me sigue sin pasión.

Soy diluvio de duelos,
torbellino de viento,
un lento agonizar
entre espadas, violento.
Mi esencia a la intemperie
no se siente tan libre.
¡Ningún verso sin nombre
hará que mi alma vibre!