Tarde otoñal

En esta piel que fue ocupada
por hermosos tonos de la primavera
la ilusión de ensueños se ha escurrido
y se disipa como bruma aventurera.

Caminos escondidos a mis ojos
fragmentan la visión de noche y día.
Una puerta que no tiene cerrojo
se abre hacía el hangar de mi agonía.

«¡Qué daría por tener una sonrisa!»
«¡Qué daría por poder cerrar mis ojos!»

Llega el otoño
y me ha vencido con premura,
la invasión de un frío interno
(preludio de la escarcha que avecina)...

Y mi cuerpo,
que fue cual flor de mayo,
presumiendo los colores de la vida
será blanco humo que no espesa, neblina pasajera que se olvida.

Sol de la mañana

Me detuve ante al espejo
con los ojos negros
llenos de prejuicios y recelos.

Y al rebuscar en mi reflexión
me miré atada con cadenas.

Caminé el sendero de la muerte
como alma que en la brecha
no sabe dónde está su cuerpo.

Me escondí entre las sombras
y caminé.
Las gotas de lluvia
se hacían saladas
con mi llanto...

Y caminé,
gritando el dolor, yo caminé.
Mi garganta hería
en cada paso, gritando.
Bebía de mi llanto, clamando.
Y ya sin voz obtuve
la destrucción total
de mi antiguo espejo...

Con nuevos ojos de cristal
que no se empaña...
déjadme renacer desnuda
frente al sol de la mañana.

Soy extranjera en tierra ajena

¡Extranjera soy 
y me encuentro
frente a un mar blanco y frío.
Un pensamiento concibo
ante esta bahía sin puerto.
Todo para mi es incierto
aunque quiero partir, no puedo.
Pues es mi solo anhelo
cuidar el jardín que cultivo,
con sus flores y sus frutos
que adornan mi alma viajera.
Aunque lejos de Borinquen...
¡Mi patria siempre es primera!

La tibieza del Caribe
al sur de mi isla bella.
Como inocente doncella
protegida es por El Morro.
Memoriales que presume
son los titulos que ostenta.
Es «La Perla del Caribe»
a la que llaman «Preciosa».
En el oeste «Sultana».
En el norte es arrullada
por el Océano Atlántico.
En sus aguas tan saladas
y oleajes que engalanan
mi isla es la más pequeña
de las grandes Antillanas.

Es la «Isla del Cordero»
sentado sobre siete sellos.
Guardando la virtud suprema,
que es la bondad de mi pueblo.
Su amor es representado
por miles de palmeras,
creciendo en sus contornos.
¡Flor de Maga, Trinitaria
y Amapolas, son su adorno!

Desde Añasco hasta Ceiba,
de Santa Isabel a San Juan;
mi islita seduce el mar,
con faros en sus caderas,
bailando ritmos de plena,
seis chorreao y el danzón.
Puerto Rico exuda un son
en su eterna primavera.

Una breve ilusión

Te veo compuesto 
de miles estrellas.
Cual lago tranquilo,
al cielo reflejas.
Templada sonrisa,
mirada certera
y un golpe de sangre
saltando en tus venas.

Tu piel lleva huellas
tus labios, el rastro
de besos y abrazos
y ardor compartido.
Aun así no cesan
tus ansias de horizonte.
"Gorrioncillo de ensueño
disfrutas las flores del monte".

Fue una breve ilusión
destinada al olvido
ya no tienes razón
has perdido el motivo.
Yo, cegada en tus luces
extravié mi camino.
Con mi entrega total
me amarré a tu destino.

SOY MUJER PUERTORRIQUEÑA

Soy mujer puertorriqueña orgullosa de mis raíces ancestrales.
Raíces que entretejieron con genuina artesanía un pueblo engendrado de ritmos y voces, cultura y folklor: de bruma, de olas, de palmas y color.
Un pueblo que ama, que ríe, que baila y se alegra pero que también llora unido en la trágica pena.
Un pueblo valiente que canta su herencia y honra su historia.
Soy mujer puertorriqueña de blanca tez, soy clara como el sol del medio día pero no te equivoques, pues llevo en mis venas; el negro aceituna y el color marrón de mi tierra.
Los risos salvajes en mi cabellera, el color almendra de mis ojos y el grito de guerra en mis labios, me hacen volátil y explosivamente rebelde.
Supe identificar las voces ancestrales llamando mi nombre desde lejanas tierras; a una convocatoria que une a mi isla bajo el clamor de su historia, en la brisa del mar, el batir de palmeras, en el trueno, en el rayo, en los tonos hermosos de su eterna primavera.
Este llamado, familiar en mis oídos, llegó desde Africa, Castilla y Aragon y al mezclarse con Taíno, forjó una nueva nación.
Hoy su sola estrella ondea orgullosa sobre el alma de todos sus hijos y
majestuosa brilla sobre los miles de ojos que buscan su gloria.
Mezclada como plasma en las franjas de mi bandera, la vida de un pueblo que se aferra a su bendecido suelo y busca elevar su espíritu de lucha, como el ave que sabe: en las alturas, reside su libertad…
Soy tierra de Africa, de España y soy Taíno y es esta mezcla la que me ha hecho lo que soy; y lo digo con orgullo…
¡¡¡Soy mujer puertorriqueña!!!

Loida Hernandez-Camacho
#escritosdelalma

Mi niña hermosa. ¡Mi claro de luna!