Tarde otoñal

En esta piel que fue ocupada
por hermosos tonos de la primavera
la ilusión de ensueños se ha escurrido
y se disipa como bruma aventurera.

Caminos escondidos a mis ojos
fragmentan la visión de noche y día.
Una puerta que no tiene cerrojo
se abre hacía el hangar de mi agonía.

«¡Qué daría por tener una sonrisa!»
«¡Qué daría por poder cerrar mis ojos!»

Llega el otoño
y me ha vencido con premura,
la invasión de un frío interno
(preludio de la escarcha que avecina)...

Y mi cuerpo,
que fue cual flor de mayo,
presumiendo los colores de la vida
será blanco humo que no espesa, neblina pasajera que se olvida.

El pañuelo

Yo fui el más pequeño
lucero en tu cielo
imperceptible lumbre
luciérnaga sin vuelo
sequía de fontana
aridez de un riachuelo
reducida pasión
minúsculo anhelo.

Sumergido en las aguas
de hondas fantasías
te fuiste navegando
a lejana bahía.
Yo me quedé en el puerto
agitando tu pañuelo
y en la angustia del adiós
lo anudé a mi largo pelo.

Pequeña como fui
a tus grandes anhelos
no hallaste en tus noches
ningún otro lucero
ningún sendero cierto,
ni la voz de un te quiero
ni abrigo, ni hogar
ni en tu pasión consuelo.

Hoy, que te encuentras solo
que ya, yo, te he olvidado
que cuando pienso en ti
apenas me conduelo
tu llevas mi recuerdo
en tu alma atesorado
y yo algunas veces…
contemplo tu pañuelo.

Flor

Pobre flor silvestre
bailaba con el viento
sin voz,
sin canción,
sin verso.
Aroma de pétalos
fragantes y transitorios
marchitos al final del día…,

Su tallo crecía muy alto
su raíz muy profunda
y le apostó a la vida
aferrada a la mentira.

¿Quién brindó sus flores
a la vida,
quién
miró el paisaje
rutinario,
quién sin voz cantó
de primavera?
Quien, con cuatro, pétalos
quiso cambiar el escenario.

Quién, con cuatro pétalos, quiso cambiar el escenario.

Ave nocturna

He perdido mis sueños  y mi voz se ha hecho llanto.
Como ave nocturna  mi vuelo es un conjunto  de días abandonados por la luz de la aurora
y de párpados  que cansados de llorar ya no lloran.

Perdida va mi risa por la ciudad del lamento
y mi sed bebe el agua en ríos agotados.
Soy ceniza mezclada con la tierra labrada
haciendo un nido albergue en un reino lejano

¡Oh! Amor no esperes más. Ven, rescata mi vida,
ha caído sobre mi un castillo en escombros.
Déjame sentir tu abrazo  y con en el mismo entusiasmo
ayúdame a descarguar  el peso de mis hombros.

¡Déjame lactar de nuevo  en tus pechos de niña
y venceremos por siempre
el corazón de la angustia!

¡Oh! Amor no esperes más. Ven rescata mi vida.

SOLLOZO DE LUNA

Mi primer poema lo escribí bajo el manto oscuro de una gran pena. Derramé mi alma y me miré luna. De todo ese llanto solo quedó un sollozo. Un SOLLOZO DE LUNA.

» Y la poesía me salvó del mundo»

Sollozo de luna caía a caudales
su plateado llanto sobre madrigales
reflejo de un rostro,
olor de azahares
fue noche de pena poesía y cantares.

Mas con cada gota del llanto caído
germinó un árbol que estaba dormido
creció muy frondoso se llenó de nidos
fue hogar de gaviotas
y zorzales marinos.

Amé ese árbol nacido de penas cambió a pergamino y escribí un poema.
Hoy albergo vida entono cantares
soy pena poesía y canción de zorzales.