Ideales muertos

Hubo una estrella
que quiso ser hoja.
Quiso bajar
y apreciar la vida.
Quiso desde lo alto
de un árbol dar sombra
y dormir en el otoño
algún día.

Se preguntaba
si renacería
con el mismo ideal
en primavera.
Si sería luz o si sería vera
o si tan solo un recuerdo
una pasión
una bandera.

Soy tierra de mi patria


¡Que la sangre de mi espíritu
sea mi patria!...,
que su lluvia me posea,
su sol caliente me bese
y que madure mi fruto...
Su brisa eleve mi canto
sin lágrimas, sin lamentos
y que mi alma trascienda
en voz, verso y sentimiento.

Que la llama que consume
el decir de mi garganta
pueda en las sombras guiar
al perdido peregrino...
Que los senderos se ananchen
transformándose en caminos
mudando piedras,
sembrando olvido
y por propuesta,
que este amor
sea la fuerza y motivo
el impulso hacia el destino.

Que sea un atardecer rojizo
de arreboles sobre el mar
lo último que pueda apreciar
mis ojos, mi voz, mi canto.
Sobre ese lienzo tallar
con precisión de artesana
en esa postrera visión
los tonos de mi ilusión...
¡Y así entregar mi ensueño
en mi terruño bendito
que se ha declarado dueño del latir de mi corazón!

Flores en mi cabeza

Anduve sobre calles de papeles y  olvido.
Mi empeño fue esconder un dolor reprimido...
Fueron tantas semanas de nublado crisol
que había olvidado que un día fui sol.

Y fue entre esas sombras
que descubrí el resplandor
de mi alma de niña
y con inmenso valor...,
levanté la mirada,
vi el horizonte azul
y me construí dos alas
de cáñamo y de tul.

Empuñando mis sueños, abracé mi pasión
escribí nuevos versos a una vieja canción.
En esa misma armonía resurgió un despertar.
¡Flores en mi cabeza crecieron en libertad!

Dónde murió el amor

Hoy me construí de alba
tú, te hiciste de luna
y te fuiste alejando
como viento y espuma.
Mientras yo, renacida
en lozana alborada
monté un ave extranjera
que en el cielo acampaba.

Fuiste el sendero cierto
de mis primeros sueños
pero mi alma rebelde
se niega a tener dueño.
Vacía de tus aguas
enmudeció el rocío
no despertó la aurora
y se enrozco el hastío.

Hacia dónde marcharon
las aguas de tus mares
que en oleajes montó
a una doncella al viento.
A dónde te llevaste
mi primavera en flor
a dónde las quimeras
¿dónde murió el amor?

Hijas de la tierra

¡Quisieron que me callara
no entiendo su osadía!...
Quisieron sellar mis labios
cegar mis ojos, torcer mi mente
cuando quise levantarme
¡me empujaron de repente!.

Propagando sus mentiras
rociaron de verde el césped
al cielo de gris cargado
pintaron azul celeste
la muerte, sería mi suerte
pues vivir callada es igual
mas prefieren silenciarme
si me atrevo protestar.

Hijas somos de la tierra
de la historia aprendemos
que la lucha no es perdida
si unidas respondemos
no dejes que la apatía
te llene de indiferencia
¡Luchemos por el planeta
tú país y tu pueblo
por mis hijas, por los tuyas
y por las que aún están lejos!

Mujeres

Me habita una niña que ríe y alborota
que juega libremente con energía y candor.
Es agua cristalina y reboza de pureza,
una niña traviesa es voz de lo que soy.

Rebuscando verdades destruyendo paredes
en mí, vive una sabia que siempre
ha de inquirir.
Quiere entenderlo todo y todo lo pregunta
se alegra en la justicia y aborrece fingir.

Hay otra, apacible, que edifica remansos
reconoce, en la vida, lo importante es vivir.
Amando, solo observa
acepta sus derrotas
y entiende que los cambios
en ella, han de surgir.

Y la que está cansada de lo que ha sufrido
madura, taciturna, vencida, sin tesón;
se une a las mujeres que comparten la historia,
de lo que he vivido,
de lo que estoy viviendo
y de todo lo que soy.

Besos de amapola

Quise robar la luz de las estrellas 
para explorar contigo en otros cielos.
Y disfrutar el mínimo momento
en que tus manos lentamente
se aventuran
por las sendas de mi cuerpo.

Y tomé prestado el tálamo
de tus sueños
para crear contigo
quimeras endulzadas.
Para sentir tus labios
llenando de besos y ternura
el deseo de amor
de mi piel desnuda.

Y me vestí la noche
para admirar tu luna.
Te acaricie pausada
de pétalos, ternura.
Me rendí a tu mar
para saciar tus olas
y en tu tiesura de hombre
mis besos de amapola.

Tierra mojada

Todo dolor anega mis ojos 
en segundos.
Toda canción estalla en notas
de recuerdos,
toda lágrima en fuente,
y la fuente en torrente.
En la tierra mojada
van creciendo
los lirios.

Si fueras todo mar
y no fueras de río
bandadas de gaviotas
me traerían tu abrigo.
Pequeño riachuelo
que cruzó mi camino
con su surco cambió
el azar de mi destino.

Aroma de mujer

Mi cuerpo floreció en su momento.
Cambió del todo
al paso del crecimiento.
Una mancha de sangre en los flecos del refajo…
¡Y la niña inocente, había quedado en el pasado!

¡De niña a mujer en un segundo!
Así fue que comenzó el llamado,
el deseo, la pasión, el aroma diferente.
Era yo, la misma pero algo despertaba
y tomaba control desde mi interior.

Dos colinas se elevaron sobre la planicie de mi pecho.
Un prado salvaje crecía en mi entrepierna.
Afeites de mujer,
sueños mojados
y mi tonto corazón acelerado
cada vez que él se acercaba y rozaba mi costado…

Fue una total traición
a mi colección de muñecas,
que sentadas,
sonreían pueriles en el estrado.

Y qué digo de mis piernas…
¡Ay!, esas piernas que siempre caminaron paralelas,
ahora las veía enroscadas de pasión,
apretando sus caderas.
Mi cuerpo estremecido
disfrutaba sumergida en nuevas aguas.
Mi pasión tiránica crecía…
Así,
sorprendida de mi propia demasía
en mis tiernos diecisiete,
le dije adiós a todos mis juguetes.