Ideales muertos

Hubo una estrella
que quiso ser hoja.
Quiso bajar
y apreciar la vida.
Quiso desde lo alto
de un árbol dar sombra
y dormir en el otoño
algún día.

Se preguntaba
si renacería
con el mismo ideal
en primavera.
Si sería luz o si sería vera
o si tan solo un recuerdo
una pasión
una bandera.

Mi debilidad

Llegaste a mi vida
tumbando las defensas
de mi fortín cerrado.
Fuiste extravío certero
que me escondió el sendero
en el que caminaron
mis primeros muertos.

Cerrojos y paredes
cayeron derrumbados
con tan solo la ojeada
de tu clara mirada
y esa forma viril
de tus movimientos
que me incitó a ser mar
a tu río sediento.

Soy extranjera en tierra ajena

¡Extranjera soy 
y me encuentro
frente a un mar blanco y frío.
Un pensamiento concibo
ante esta bahía sin puerto.
Todo para mi es incierto
aunque quiero partir, no puedo.
Pues es mi solo anhelo
cuidar el jardín que cultivo,
con sus flores y sus frutos
que adornan mi alma viajera.
Aunque lejos de Borinquen...
¡Mi patria siempre es primera!

La tibieza del Caribe
al sur de mi isla bella.
Como inocente doncella
protegida es por El Morro.
Memoriales que presume
son los titulos que ostenta.
Es «La Perla del Caribe»
a la que llaman «Preciosa».
En el oeste «Sultana».
En el norte es arrullada
por el Océano Atlántico.
En sus aguas tan saladas
y oleajes que engalanan
mi isla es la más pequeña
de las grandes Antillanas.

Es la «Isla del Cordero»
sentado sobre siete sellos.
Guardando la virtud suprema,
que es la bondad de mi pueblo.
Su amor es representado
por miles de palmeras,
creciendo en sus contornos.
¡Flor de Maga, Trinitaria
y Amapolas, son su adorno!

Desde Añasco hasta Ceiba,
de Santa Isabel a San Juan;
mi islita seduce el mar,
con faros en sus caderas,
bailando ritmos de plena,
seis chorreao y el danzón.
Puerto Rico exuda un son
en su eterna primavera.

Mar Caribe

MAR CARIBE

Mar de mi amor y de mi infancia.
En tí navegan mis sueños más queridos.
En tí, mi cuerpo de doncella enamorada
exploró bajo tus aguas, sumergido.

Recibiendo el bautismo de Cupido,
en tus olas aprendí a bailar el ritmo
tu marea me acunó, trigo mecido
y en tu orilla entregué mi pecho, florecido.

Deja que otra vez sumerja mis sentidos,
que pueda ahogar la angustia de esta pena,
y en lo profundo de tu hermoso azul plateado...
que mi llanto se mezcle con la arena.

Mar Chiquita Manatí. P.R.

Otoño

Y aunque nadie fue testigo,
ahí estuvimos.
Frente al mar
mecidos por la Luna.
Bajo palmeras mirando al horizonte
en un largo verano, caluroso.
Hoy el otoño nos regala
un mar de hojas…
Que al caer cubren
la vera caminada.


Sutil ternura de una luz montuna.
Clamor de voz primaveral,
amores
disipándose entre miles
de colores
hermosos y a su vez
distantes…
Ya el Caribe plateado se ha alejado
entonando su aria melodiosa...

Llega el otoño y nos regala
un mar de hojas,
un mar de hojas
en lugar de una playa luminosa.

Madrigales

Ojos color de mar, 
cuerpo plateado, de luna
su cabello, noche oscura
marinero a navegar.
De papel hizo una barca
para cruzar la laguna.
Izó velas con el alba
y soltó sus ataduras.

Navegando la marea
al viento ajustó sus velas
luchando por su pasión
buscaba libertad plena.
Su voz se hizo de ave
y sus alas de zorzales...,
¡En el vaivén de las olas
componía madrigales!

A veces me visto de luna

Cuando me visto de luna 
mi noche larga y oscura
se llena de suave luz...
Si me recuesto en la arena,
contemplo un cielo de estrellas
que ilumina un sendero circular.
¡Prosigo adelante, resuelta!
No hay desvíos o atajos.
He de explorar los caminos.
He de escalar la montaña.
Sondear ríos de llanto.
Disfrutar senderos de risas...
Respirando la suave brisa
del paso lento en mi andanza.

Flores en mi cabeza

Anduve sobre calles de papeles y  olvido.
Mi empeño fue esconder un dolor reprimido...
Fueron tantas semanas de nublado crisol
que había olvidado que un día fui sol.

Y fue entre esas sombras
que descubrí el resplandor
de mi alma de niña
y con inmenso valor...,
levanté la mirada,
vi el horizonte azul
y me construí dos alas
de cáñamo y de tul.

Empuñando mis sueños, abracé mi pasión
escribí nuevos versos a una vieja canción.
En esa misma armonía resurgió un despertar.
¡Flores en mi cabeza crecieron en libertad!