El pañuelo

Yo fui el más pequeño
lucero en tu cielo
imperceptible lumbre
luciérnaga sin vuelo
sequía de fontana
aridez de un riachuelo
reducida pasión
minúsculo anhelo.

Sumergido en las aguas
de hondas fantasías
te fuiste navegando
a una extraña bahía.
Yo me quedé en el puerto
agitando tu pañuelo
y en la angustia del adiós
lo anudé a mi largo pelo.

Pequeña como fui
a tus grandes anhelos
no hallaste en tus noches
ningún otro lucero
ningún sendero cierto,
ni la voz de un te quiero
ni abrigo, ni hogar
ni en tu pasión consuelo.

Hoy que te encuentras solo
que yo, ya te he olvidado
que cuando pienso en tí
apenas me conduelo
tu llevas mi recuerdo
en tu alma atesorado
y yo algunas veces...
contemplo tu pañuelo.

Viejo camino

He tornado en mi camino
para recordar olvidos
y construir los peldaños
que escalen hacia el futuro.
He tomado un nuevo rumbo
he canjeado mis errores
me sostiene la sapiencia
y la experiencia de amores.

He aceptado mis faltas
y me miré en el espejo
ví el color esperanza
que en mi rostro hizo reflejo.
Nacida de sal y arena
divisé una bahía...
Un mar acrisolado
que cautivó el alma mía.
Y di vuelta a mi timón
hacia el puerto anhelado.
Y navegué en sus aguas
hasta gustar de sus mieles...,
Cambiando a faro en tinieblas
mi augusto velero de pieles.

Aroma de mujer

Mi cuerpo floreció en su momento.
Cambió del todo
al paso del crecimiento.
Una mancha de sangre en los flecos del refajo…
¡Y la niña inocente, había quedado en el pasado!

¡De niña a mujer en un segundo!
Así fue que comenzó el llamado,
el deseo, la pasión, el aroma diferente.
Era yo, la misma pero algo despertaba
y tomaba control desde mi interior.

Dos colinas se elevaron sobre la planicie de mi pecho.
Un prado salvaje crecía en mi entrepierna.
Afeites de mujer,
sueños mojados
y mi tonto corazón acelerado
cada vez que él se acercaba y rozaba mi costado…

Fue una total traición
a mi colección de muñecas,
que sentadas,
sonreían pueriles en el estrado.

Y qué digo de mis piernas…
¡Ay!, esas piernas que siempre caminaron paralelas,
ahora las veía enroscadas de pasión,
apretando sus caderas.
Mi cuerpo estremecido
disfrutaba sumergida en nuevas aguas.
Mi pasión tiránica crecía…
Así,
sorprendida de mi propia demasía
en mis tiernos diecisiete,
le dije adiós a todos mis juguetes.

Fuiste espuma de olas

Fuiste espuma de olas, atrapada en la arena.
Flotando sobre un mar
de sueños en andamios.
Marchaste sobre el llanto fluyendo de mis ojos
con una sonrisa estampada en tus labios.

«No comprendo que tu amor
todavía me duela,
y que mis brazos
se sientan vacíos
al no tenerte»…
Fui una joven gaviota
arriba, en su primer vuelo
y al escuchar tu llamado
me precipité al suelo…
Allí, atrapada
en tus oleajes de miedos
me cegué con tu bruma,
me escurrí entre tus dedos.

Solo un día de ensueños
en el vaivén de las olas.
Las pasiones raídas por el viento, volaban.
Inevitable en la tarde
llegó la agonía,
y el entusiasmo murió
al final de ese día.

La noche llegó, oscura y sombría.
Preludio del claro
resplandor de la aurora.
Que irradió en mis ojos,
disipó mi letargo
y en mis labios gusté
tu sabor dulce amargo.

Hoy soy ave sin vuelo,
derribada, tendida
bajo un cielo azul, de anhelos sin mañana…
Sin nido,
abandonada en la playa
perdida,
sumergida en la pena de este triste quebranto…
¡O quizás soy lamento de un ave sin canto!