He llorado

He llorado todo lo que he podido
he protestado por todo contra dios
he peleado la batalla,
me he librado de cadenas.
he hecho lo que mi destino deparó.
He sacrificado sueños y vivencias
he cabalgado el trueno de mi voz
he fallado, le he mentido
a los que he amado
pero también les he
servido con fervor.

En el último instante
de mi vida, veo claro
tengo luz en mi interior
que alumbra las memorias
titubeantes
que se lanzan al abismo
del adios.




Pena de su pena

Siento vértigo con náusea 
por mi pueblo,
siento pena de su pena
y su lamento.
Lamento que me implica
en el tormento
de poseer un campo
de nosotros
que es no nuestro.
Un tormento que
impregnado con su sangre,
va acuñado en el centro
de su vientre,
en sus genes, en sus poros
en su herencia majestuosa
que enmudece ensimismada
y se enrosca en la parte posterior
de su alma, errada.
Un tormento
del que no se habla, se respira
y que a todos amortaja
en su momento.
Que dio a luz a los hijos
de su mundo
y rompió con su grito
algún silencio.
Y yo escuché llorar
al mundo entero
por los hijos
que parió en su cautiverio.

Tierra ajena


Poseo un cuaderno
donde escribo mis sentires.
Un lapicero de colores
para cambiar humores.
Una regla, un compás
y unas tijeras,
óleos, pinturas y pinceles,
atesorados en un baúl cuadrado.
Y en una esquina colgando
mirando hacia el infinito,
un pajarito enjaulado.

Un artefacto que registra
mis latidos
mientras yo trazo el proceso
sobre un papel cuadriculado.
Tengo un libro
releído siete veces,
que me ha enseñado a descifrar
el misterio de los meses...

Setecientos noventa y dos
y continuan pasando
demostrando que el final
viene ligado con mi aliento.
Y mientras más respiro,
indefectiblemente más se acerca...
Y se aproxima victorioso
en las manijas del tiempo.

Aprendí que la primavera
solo dura unos segundos.
Que existe un invierno
en el que no calienta
un abrigo.
Que el verano sin lluvia
se hace eterno
y el otoño deshoja tu piel,
sobre el camino...

Que los sueños en la vida
son un coma profundo
y cuando por fin abres tus ojos
te queda muy poco de vida
en este mundo.
Que no hay enfermedad peor
que el estar ciego
con la ceguera apática
del individualismo.

Pero a veces cuando el Caribe
besa la arena
lo escucha desde lejos
mi alma de sirena,
que muere cada día extranjera
ansiando el cielo azul celeste
de mi isla, en tierra ajena.

Muerte en vida

Estoy callada de amores
sobrio silencio... ¡vacío!
Anulada de pasiones
amortajada de frío.
Réquiem de cuerpo presente
desconcertada en mi hastío.
Pasmada de avistar visiones
en este espíritu impío.

Golpes a mi ingenuidad
ya, ni sueño del futuro.
Me desvela la ansiedad.
¡Morir en vida es muy duro!

Mi debilidad

Llegaste a mi vida
tumbando las defensas
de mi fortín cerrado.
Fuiste extravío certero
que me escondió el sendero
en el que caminaron
mis primeros muertos.

Cerrojos y paredes
cayeron derrumbados
con tan solo la ojeada
de tu clara mirada
y esa forma viril
de tus movimientos
que me incitó a ser mar
a tu río sediento.

Sol de la mañana

Me detuve ante al espejo
con los ojos negros
llenos de prejuicios y recelos.

Y al rebuscar en mi reflexión
me miré atada con cadenas.

Caminé el sendero de la muerte
como alma que en la brecha
no sabe dónde está su cuerpo.

Me escondí entre las sombras
y caminé.
Las gotas de lluvia
se hacían saladas
con mi llanto...

Y caminé,
gritando el dolor, yo caminé.
Mi garganta hería
en cada paso, gritando.
Bebía de mi llanto, clamando.
Y ya sin voz obtuve
la destrucción total
de mi antiguo espejo...

Con nuevos ojos de cristal
que no se empaña...
déjadme renacer desnuda
frente al sol de la mañana.

Soy extranjera en tierra ajena

¡Extranjera soy 
y me encuentro
frente a un mar blanco y frío.
Un pensamiento concibo
ante esta bahía sin puerto.
Todo para mi es incierto
aunque quiero partir, no puedo.
Pues es mi solo anhelo
cuidar el jardín que cultivo,
con sus flores y sus frutos
que adornan mi alma viajera.
Aunque lejos de Borinquen...
¡Mi patria siempre es primera!

La tibieza del Caribe
al sur de mi isla bella.
Como inocente doncella
protegida es por El Morro.
Memoriales que presume
son los titulos que ostenta.
Es «La Perla del Caribe»
a la que llaman «Preciosa».
En el oeste «Sultana».
En el norte es arrullada
por el Océano Atlántico.
En sus aguas tan saladas
y oleajes que engalanan
mi isla es la más pequeña
de las grandes Antillanas.

Es la «Isla del Cordero»
sentado sobre siete sellos.
Guardando la virtud suprema,
que es la bondad de mi pueblo.
Su amor es representado
por miles de palmeras,
creciendo en sus contornos.
¡Flor de Maga, Trinitaria
y Amapolas, son su adorno!

Desde Añasco hasta Ceiba,
de Santa Isabel a San Juan;
mi islita seduce el mar,
con faros en sus caderas,
bailando ritmos de plena,
seis chorreao y el danzón.
Puerto Rico exuda un son
en su eterna primavera.

Mar Caribe

MAR CARIBE

Mar de mi amor y de mi infancia.
En tí navegan mis sueños más queridos.
En tí, mi cuerpo de doncella enamorada
exploró bajo tus aguas, sumergido.

Recibiendo el bautismo de Cupido,
en tus olas aprendí a bailar el ritmo
tu marea me acunó, trigo mecido
y en tu orilla entregué mi pecho, florecido.

Deja que otra vez sumerja mis sentidos,
que pueda ahogar la angustia de esta pena,
y en lo profundo de tu hermoso azul plateado...
que mi llanto se mezcle con la arena.

Mar Chiquita Manatí. P.R.

Otoño

Y aunque nadie fue testigo,
ahí estuvimos.
Frente al mar
mecidos por la Luna.
Bajo palmeras mirando al horizonte
en un largo verano, caluroso.
Hoy el otoño nos regala
un mar de hojas…
Que al caer cubren
la vera caminada.


Sutil ternura de una luz montuna.
Clamor de voz primaveral,
amores
disipándose entre miles
de colores
hermosos y a su vez
distantes…
Ya el Caribe plateado se ha alejado
entonando su aria melodiosa...

Llega el otoño y nos regala
un mar de hojas,
un mar de hojas
en lugar de una playa luminosa.