Te escribo un verso

En tus ojos se juntan todos mis mares
marullos de larga cabelleras
y bailan en los paisajes de los ríos
con la música del viento en la ladera.
En mis ojos destellan las palabras
un alear de pájaros cautivos
largas notas de canciones inventadas
metáforas, verbos y adjetivos.

Ven a beber de estrellas y luceros
ven a mojarte en cada estrofa y cada rima.
Y verás que los versos
que me inspiras
son esquemas de las blandas carreteras
que te indican
que el sendero recorrido
son el sueño de amor
de mi alma en pena.
Por que mi hogar de luces
aun te espera
ansiando a que me inspires
un poema.

Aniquilados

Creí morir de amor 
entre tus brazos
aniquilada por tus besos
tormentosos
Y allí mirando las estrellas
devolví al cosmos
consternada
el gemir de mi voz
el calor de la entrega
y un rayo de luz en la mirada.

Desafiamos el tiempo
y el espacio
bajo un cielo de hotel
o prado, o casa.
Y arañando la vida
extasiados
no queríamos volver
a lo inconcluso
o dar la espalda
a ese mágico momento
cuando saboreamos libertad
encarcelados
por las rejas
de una lumínica experiencia.
Pero la lenta lluvia del adiós
caía silente
sobre el fantasma triste
de la ausencia.

Ven conmigo

Es mi tierra una isla, bella isla en el mar
con riberas y montes, ven conmigo a mirar.

Más allá de las playas que rodean mi lar
vive un pueblo que duele y no puede llorar.

Sus tambores de guerra en silencio total
y su voz enterrada entre el cielo y el mar.

Mi isla de arenas, marullos y sal.
Es su interna agonía como honduras de mar.


Yo moriré en invierno

¡He de partir, lo sé!...
Y las estrellas del cielo
a las que tanto he admirado
seguirán inspirando versos
a poetas alocados.
El musgo de mi jardín
color oro envejecido
será camada a las rosas
que ya habrán florecido...,
y en el medio del camino
un frondoso árbol de pino
se elevará majestuoso
lleno de aves y nidos.
El ruiseñor que visita
mi ventana en primavera
seguirá entonando notas
despertando a otro,
a cualquiera...

Mas yo, ¡moriré en invierno!

Del polvo de mis cenizas
regado en la cordillera
germinará una flor maga
decorando mi cabecera...
Mas seré cual alma en pena
sin estrellas,
sin jardín
y sin aves
que me anuncien
cuando llegue primavera.

El pañuelo

Yo fui el más pequeño
lucero en tu cielo
imperceptible lumbre
luciérnaga sin vuelo
sequía de fontana
aridez de un riachuelo
reducida pasión
minúsculo anhelo.

Sumergido en las aguas
de hondas fantasías
te fuiste navegando
a una extraña bahía.
Yo me quedé en el puerto
agitando tu pañuelo
y en la angustia del adiós
lo anudé a mi largo pelo.

Pequeña como fui
a tus grandes anhelos
no hallaste en tus noches
ningún otro lucero
ningún sendero cierto,
ni la voz de un te quiero
ni abrigo, ni hogar
ni en tu pasión consuelo.

Hoy que te encuentras solo
que yo, ya te he olvidado
que cuando pienso en tí
apenas me conduelo
tu llevas mi recuerdo
en tu alma atesorado
y yo algunas veces...
contemplo tu pañuelo.

Éramos

Un memorial al amor que perdura a través de las diferentes etapas de la vida...

ÉRAMOS

Éramos golondrinas en nuestro primer vuelo, tanteándo el poder de nuestras niñas alas
y fuimos como amantes de sol, volcán de lava,
aleando nuestro amor en la expansión del cielo.

Éramos sol de noche, golondrinas del aire.
Al horizonte oscuro cubríamos de estrellas.
Y fuimos el amor en su forma más bella,
caudal de comprensión en su total entrega.

¡Éramos!..., ya no somos impetuoso anhelo
mas luceros continúan brillando
en las miradas.
Nuestro hogar hecho de nubes en el cielo
albergan tonos de luz, cada alborada.

Atardecer en Puerto Rico

Pena de su pena

A mi isla Puerto Rico
Colonia del imperialismo Yankie

Siento vértigo con náusea 
por mi pueblo,
siento pena de su pena
y su lamento.
Un lamento que me implica
en el tormento
de poseer un campo
de nosotros
que es no nuestro.
Un tormento que
impregnado con su sangre,
va acuñado en el centro
de su vientre,
en sus genes, en sus poros
en su herencia majestuosa
que enmudece ensimismada
y se enrosca en la parte posterior
de su alma errada.
Un tormento
del que no se habla, se respira
y que a todos amortaja
en su momento.
Que dio a luz a los hijos
de su tierra
y rompió con su grito
algún silencio.
Y yo escuché llorar
al mundo entero
por los hijos
que parió en su cautiverio.

Camino a casa

Mi voz se cubrió de sombras.
Mis pasos, cansados de ir.
Me he estancado en el silencio
sin nada más que decir...
¿Quién ha callado mi voz?
¿Quién silenció mi garganta?
¿Quién ignoró mis preguntas
cuando iba camino a casa?

Me inspiró cada canción
que se entona en primavera.
Melodía hecha ilusión
ternura perecedera.
Mas buscando por lo eterno
juzgué lo fugaz, errado
cuando deseé retractarme
él, ya, se había marchado.

Nunca pensé que la vida
se me fuera en un suspiro
Nunca pensé que el amor
durara solo un respiro.
¿Quién me ha robado la voz,
quién silenció mi garganta?
¿Por qué apresurar mis pasos?
Solo voy de camino a casa.


Mar Caribe

Mar de mi amor y de mi infancia. 
En tí navegan mis sueños más queridos.
En tí, mi cuerpo de doncella enamorada
exploró bajo tus aguas, sumergido.

Recibiendo el bautismo de Cupido,
en tus olas aprendí a bailar el ritmo
tu marea me acunó, trigo mecido
a tu orilla entregué mi pecho, florecido.

Deja que otra vez sumerja mis sentidos,
para ahogar la angustia de esta pena,
y en lo profundo de tu hermoso azul plateado...
Que mi llanto se mezcle con la arena.
¡A veces cuando el Caribe besa la arena lo escucha desde lejos mi alma de sirena!

Yo fui árbol

Yo, al renacer, fui árbol
de diferente semilla
y crecí como árbol macho,
araizado en arcilla.
En mí, no tallaron buques,
no serví para cuadernas,
y aun el viento de otoño
ignoró mis hojas secas.

Fui un árbol que creció torcido
doblegado y vencido.
Indignado por lo crudo
de su injusto destino.
Fui tan diferente
al resistir los embates
pues no tenía cómo o quién,
pagara mi rescate.

No crecí en el bosque
ni fui leña de fuego.
Mi forma no fue amada
ni mi belleza un despliego.
En la sequía no tuve
ni una flor, ni un renuevo
no fui hogar de gaviotas
ni zorzales del cielo.

Anulada en lo seco
del cuarteado terreno.
Buscaba por la fuente
que aplacara mi celo.
Desprendí mis raíces
y podando mis ramas
sumergí mis angustias
en las aguas que sanan.

Al expiar de mi vida
el rencor, y el desvelo
emergió desde mi alma
un fugaz riachuelo.
Y en su agua, mi arcilla
se volvió en pergamino
donde un loco poeta
te describe el camino.