Soy tierra de mi patria


¡Que la sangre de mi espíritu
sea mi patria!...,
que su lluvia me posea,
su sol caliente me bese
y que madure mi fruto...
Su brisa eleve mi canto
sin lágrimas, sin lamentos
y que mi alma trascienda
en voz, verso y sentimiento.

Que la llama que consume
el decir de mi garganta
pueda en las sombras guiar
al perdido peregrino...
Que los senderos se ananchen
transformándose en caminos
mudando piedras,
sembrando olvido
y por propuesta,
que este amor
sea la fuerza y motivo
el impulso hacia el destino.

Que sea un atardecer rojizo
de arreboles sobre el mar
lo último que pueda apreciar
mis ojos, mi voz, mi canto.
Sobre ese lienzo tallar
con precisión de artesana
en esa postrera visión
los tonos de mi ilusión...
¡Y así entregar mi ensueño
en mi terruño bendito
que se ha declarado dueño del latir de mi corazón!

A veces me visto de luna

Cuando me visto de luna 
mi noche larga y oscura
se llena de suave luz...
Si me recuesto en la arena,
contemplo un cielo de estrellas
que ilumina un sendero circular.
¡Prosigo adelante, resuelta!
No hay desvíos o atajos.
He de explorar los caminos.
He de escalar la montaña.
Sondear ríos de llanto.
Disfrutar senderos de risas...
Respirando la suave brisa
del paso lento en mi andanza.

Flores en mi cabeza

Anduve sobre calles de papeles y  olvido.
Mi empeño fue esconder un dolor reprimido...
Fueron tantas semanas de nublado crisol
que había olvidado que un día fui sol.

Y fue entre esas sombras
que descubrí el resplandor
de mi alma de niña
y con inmenso valor...,
levanté la mirada,
vi el horizonte azul
y me construí dos alas
de cáñamo y de tul.

Empuñando mis sueños, abracé mi pasión
escribí nuevos versos a una vieja canción.
En esa misma armonía resurgió un despertar.
¡Flores en mi cabeza crecieron en libertad!

Tronchados crisantemos

Yo que he sido de flama 
en torrentes de incendios.
Incesantes quimeras
en noches sin mañanas.
Hoy adornan mi cama
tronchados crisantemos
esparcidos sin cuidado
sobre un tálamo blasfemo...
Es un pesar que solo
se la pasa penando.
Alto monte de culpa,
amo cerril bosteando.
Algunos días, tu ausencia,
acentúa mi pecado.
Éste error me ha derrumbado
como a un árbol cansado.

Dónde murió el amor

Hoy me construí de alba
tú, te hiciste de luna
y te fuiste alejando
como viento y espuma.
Mientras yo, renacida
en lozana alborada
monté un ave extranjera
que en el cielo acampaba.

Fuiste el sendero cierto
de mis primeros sueños
pero mi alma rebelde
se niega a tener dueño.
Vacía de tus aguas
enmudeció el rocío
no despertó la aurora
y se enrozco el hastío.

Hacia dónde marcharon
las aguas de tus mares
que en oleajes montó
a una doncella al viento.
A dónde te llevaste
mi primavera en flor
a dónde las quimeras
¿dónde murió el amor?

Ave nocturna

He perdido mis sueños 
y mi voz se ha hecho llanto.
Como ave nocturna
mi vuelo es conjunto,
de días abandonados
por la luz de la aurora
y de párpados
que cansados de llorar
ya no lloran.

Perdida va mi risa
por la ciudad del lamento
y mi sed bebe el agua de ríos agotados.
Soy pájaro volando sobre la tierra labrada
haciendo un nido albergue en un reino lejano.

¡Oh amor no esperes más!
Ven, rescata mi vida
ha caído sobre mi un castillo en escombros.
Déjame sentir tu abrazo
y con en el mismo entusiasmo
ayúdame a descarguar
el peso de mis hombros.

¡Déjame lactar de nuevo
en tus pechos de niña
y venceremos por siempre el corazón de la angustia!

Alturas

Anhelo acariciar tu cuerpo bronceado 
tu rostro de soles,
tus pelo de bruma.
Y sentir tus labios, delicada brisa
que besa mi cuello e incita mi risa.

Eres paladín, ave enamorada
de mágica copla
y figura alada.
Llévame en tus alas a explorar el cielo,
a la lozanía del alba infinita.
Al sueño de estrellas
y nubes viajeras,
al último alear de almas gemelas.

¡¡¡Y desde esa cima, un clamor pasión
notas en gemidos, versos en canción!!!

Extranjera

Yo fui raíz plantada
y un poco después, fui hoja...
En una rama empedernida
me aferraba,
a lo que más amaba.
Luego fui lamento y fui llanto.

Fui surco de río agotado
en tierra extranjera.
Una palmera moribunda
que a su tierra añoraba,
rodeada de hojas secas
listas para la quemada...
Al final de mi jornada no fui
ni raíz
ni hoja
ni rama.